lunes, octubre 05, 2009

Dos películas de John Hughes (primera parte)


La vida va muy rápido.
Si no te detienes para observar a tu alrededor de vez en cuando…
Podrías perdértela.

Ferris Bueller


Creo que en un principio no lo sabía pero con el tiempo me di cuenta de que soy un admirador de la obra del director estadounidense John Hughes.

He reseñado en otros espacios virtuales, bajo un pretexto u otro, gran parte de su cinematografía ochentera (que fue su periodo más creativo): Sixteen Candles (1984), The Breakfast Club, Weird Science (1985).

Por cuestiones de espacio y tiempo he tenido en el tintero mucho tiempo dos películas que recuerdo con particular gusto: Ferris Bueller's Day Off (1986) y la acelerada Planes, Trains & Automobiles (1987) donde Hughes juntó el genial y torpe encanto de John Candy con la bufonesca y pesimista amargura de Steve Martin.

Mi idea original había sido publicar algo al respecto con motivo de la reciente muerte del director (el pasado 6 de agosto) sin embargo no había podido hacerlo gracias a los eternos pretextos de falta de tiempo y exceso de trabajo así que ahora, que ando queriendo revivir a El analfabeta, voy a hacer una primera entrada sobre el director y la primera de dos películas de la época ochentera.

Vamos por partes:

John Hughes inició su carrera como escritor en una agencia de publicidad y más tarde comenzó a crear material humorístico para cómicos; una pieza que hizo basada en un viaje por carretera con su familia durante su infancia le valió la entrada a la revista humorística National Lampoon, el manuscrito más tarde se transformó en la base para el script de la serie de películas Vacation que estelarizaría Chevy Chase.

En 1982 escribió el guión para Class Reunion película que pasó sin pena ni gloria y fue solo hasta la salida de Vacation cuando el nombre del director en ciernes comenzó a tomar cierto revuelo.

En el 84 y 85 dirigió con éxito Sixteen Candles y The Breakfast club, ambas cintas fueron estelarizadas por Molly Ringwald y en ambas Hughes muestra una serie de características únicas:

El director nunca necesitó de actores consagrados; tan solo de jóvenes con talento de los que se encargaría de lanzar al estrellato. Por su set pasaron buena parte de los que más tarde iban a formar parte del Bratpack.

No utilizaba ni efectos ni aparatosas producciones; a Hughes le encantaba ir a los pueblos, a las escuelas, a las ciudades. Siempre utilizó escenarios reales donde las historias se hacían más auténticas.

Siempre tuvo la capacidad de utilizar la cultura pop en boga al tiempo de sus producciones; no se basaba en nostalgias si no que aprovechaba lo que había (modas, música, etcétera) para dar ese toque cultural a sus cintas; al igual que se aprovechó de talento de actuación joven también utilizó los grupos musicales de la época que apenas iniciaban.

Un día libre.



Ferris Bueller's Day Off sigue siendo para mi LA película adolescente por excelencia. Escrita y dirigida por Hughes la historia es simple: tres adolescentes deciden irse de “pinta”. A lo largo del día “libre” los tres se dan cuenta que la juventud, la High School y su vida tal como la conocen, está a punto de terminar. Los tres están por dar el siguiente paso de sus vidas, irán a universidades y de ahí a la vida adulta. Ferris Bueller, joven, inteligente y con mucha creatividad, se da cuenta de ello e incita a su mejor amigo y a su novia a disfrutar de la vida.

No importan los profesores amargados, la hermana celosa o los pequeños problemas de la vida (como el hecho de arrojar de manera accidental un Ferrari de colección desde un tercer piso), la vida está hecha para vivirse.



La película de Hughes es monumental de la manera más sencilla; utilizando a la ciudad de Chicago como el campo de juegos de tres adolescentes, se brinca estándares al hacer que el propio Bueller (Matthew Broderick) se dirija de manera directa al público rompiendo lo que los expertos en teatro llaman “la cuarta pared”. Los actores están en sus inicios (al final podemos ver a un jovensísimo Charlie Sheen) y en todo momento nos dan ganas ya no de ser el propio Ferris Bueller, si no de tan solo de ser su “cuate”.



La película transcurre con tal ritmo que al final el propio Ferris Bueller nos tiene que pedir que nos vayamos a nuestra casa.



Esta cinta, que vi por primera vez en videocasstte, tiene esa mezcla de comedia con profundidad muy acertada; Bueller no es un cínico o un adolescente descarriado, transita a través de esa claridad de puntos de vista (lo que los gringos llaman “ver la imagen completa”) que muchos desearíamos haber tenido.

Al final el mensaje es muy claro y muy significativo; la vida está hecha para vivirse por que, al igual que la película que ya quisiéramos que continuase de manera indefinida, las cosas se acaban para dar paso a otras.

No recuerdo haber visto copias de Ferris Bueller's Day Off (que los hipercreativos traductores mexicanos pusieron el infame nombre de Un Experto en Diversión) sin embargo si la encuentran en algún Blockbuster o programada en algún sistema de cable, vale la pena verla con calma y poniendo atención a los detalles.

Podría decirse que la cinta es uno de los puntos clave para entender el cine de John Hughes.